Siempre fui un buen estudiante. Tenía buena retentiva, sabía relacionar conceptos, mantenía la calma en los exámenes y en general me gustaba aprender cosas nuevas. También fui un niño y adolescente pacífico y, tanto en casa como en la escuela, obedecía sin más.
En mis estudios musicales, más de lo mismo. Iba aprendiendo las piezas de dificultad progresiva que mis profesores me mandaban y las tocaba según la manera en que ellos las entendían.
Curiosamente, a pesar de seguir sus directrices a pies juntillas, notaba que mis destrezas técnicas con el instrumento siempre se topaban contra un techo que sólo a duras penas y muy lentamente conseguía superar. Pero claro, siendo el modelo educativo tradicional el único para mí por aquel entonces, la conclusión a la que llegaba era que no me esforzaba lo suficiente o que simplemente no estaba dotado con las capacidades necesarias.
Sin embargo, esta dócil ovejita siempre tuvo el come-come de que debía de existir una forma mejor de enseñar y aprender la música. Desde el primer día en que empecé a trabajar de profesor de piano, allá por el 2002, las clases fueron para mí un laboratorio de experimentación incansable basada en el ensayo y error.
Al cabo de unos años descartando metodologías e incorporando otras nuevas, todas ellas de cosecha propia, me di cuenta de que mi creatividad pedagógica parecía no encontrar nunca la fórmula de oro satisfactoria a largo plazo que yo ansiaba. Decidí entonces salir de mi cueva y abrirme a propuestas con recorrido histórico ya consolidadas dentro de la corriente de la educación alternativa.
Hice la formación oficial de asistente Montessori para el nivel infantil y, poco después, otra en Talleres de expresión según el enfoque de Educación Creadora de Arno Stern. Ambas tenían mucho en común porque giraban entorno al rol de servicio del profesor y la preparación de un espacio propicio para la ausencia de dirección. Pero mientras Montessori parecía querer potenciar al máximo los puntos fuertes de cada etapa de maduración de los niños, la Educación Creadora cuidaba de estas fases evolutivas en personas de cualquier edad, con una vocación más universal. Más allá de todo esto, transmitían un profundo respeto por el camino individual de cada persona en el mundo.
Aparte de sacudir mis esquemas educativos, esto fue para mí un bofetón en toda la cara. Me di cuenta de que ésta había sido mi gran carencia en toda la época del colegio, instituto y conservatorio. Descubrí la gran trampa de mi pasado: haber incorporado sin cuestionamiento alguno los cientos de recetas, creencias y órdenes (mayormente bienintencionadas) de mis profesores, forjándome una personalidad asentada en cómo hay que hacer las cosas. El patrón mental había ahogado casi por completo lo más profundamente personal que había en mí, mi criterio, mi libertad, mis deseos.
Con ese dolor empecé a alejarme inconscientemente del piano. Durante los tres años que duró el duelo dejé de dar clases, dejé casi por completo de hacer conciertos y me puse a trabajar en una inmobiliaria.
Pero no perdí el tiempo. En ese período extraño mi máximo interés era recoger las piezas del puzzle que se me habían roto por dentro, sanarlas y reubicarlas en un lugar más luminoso. Me ayudé de técnicas de introspección y aportes filosóficos como los de Marshall Rosenberg, Byron Katie, Eckhart Tolle o Alejandro Jodorowsky.
En paralelo estaba sucediendo un callado pero poderoso reciclaje interior. Enmedio de semanas seguidas sin tocar una tecla, me daba un impulso repentino de sentarme al piano, aunque fuera por apenas diez minutos. Solía elegir alguna pieza que ya había aprendido hacía años y ocurría el milagro. Tocaba con una fluidez inaudita, todo era fácil. Mis dedos y demás partes del cuerpo respondían a la perfección. Las ideas musicales se sucedían con total claridad.
Esos momentos de ligereza y solvencia con el piano se fueron haciendo más frecuentes, más largos, más deseados y más disfrutados. Mi reconstrucción interior me estaba permitiendo reconciliarme con el instrumento. Volví a ofrecer conciertos con una nueva ilusión y también volví a dar clases, pero yo ya no era el mismo…
Acabó el trabajo en la inmobiliaria. Era momento de renovación e hice el ejercicio de imaginar cómo me gustaría que fuera mi vida al cabo de tres años. Es algo maravilloso para enfocarse y empezar a tomar acciones precisas con un propósito claro. Sentí el deseo de que mi dedicación principal me permitiera tratar temas que conozco bien desde mi propia experiencia, aportar mi enfoque personal y lanzar un mensaje inspirador al mundo.
Así nació en 2017 Más que pianistas.
Desde mi vuelta a las clases he ido fraguando una manera muy poco común de dar las clases, caracterizada por el acompañamiento amoroso a los procesos individuales de cada alumno. Doy espacio para que el aprendiz pueda establecer sus objetivos, tomar sus decisiones, desarrollar su criterio y actuar a su ritmo, porque concibo el aprendizaje de la música como un subconjunto del crecimiento personal.
Para que mi postura pedagógica ganara en visibilidad y coherencia la acabé recogiendo bajo el término propio de Educación Integrativa. En estos artículos puedes profundizar más en distintos rasgos de mi concepto de la educación musical:
Supongo que si estás leyendo esto es porque te está picando el gusanillo de acercarte al piano e intentar tocar piezas que siempre te han gustado o descubrir otras nuevas, desanquilosando tu oído y tu destreza rítmica. O puede que tengas la ilusión de defenderte leyendo partituras, de lanzarte a componer alguna cosilla.
No es que de repente quieras ser un Mozart pero sí encontrar un aprendizaje con el que simplemente disfrutar y realizarte, profundizar en tu vena creativa, reforzar tu autoestima con la satisfacción de ir superando pequeños retos, salir un poco de tu zona de confort y adentrarte en un mundo que ves inmensamente complejo pero también intelectualmente estimulante.
Por propia experiencia, creo que a estas alturas de la vida sabes con más claridad lo que quieres pero sobre todo lo que no quieres. Y no te apetece una enseñanza rígida, llena de ritmos prestablecidos y asignaturas teóricas áridas y descontextualizadas.
Quizá ya has dado algún pasito en la música cuando eras pequeño o recientemente, pero sigues notando que necesitas una persona que te haga de guía, sobre todo en momentos en los que estás más perdido o perdida. O por el contrario, empiezas desde cero absoluto y desconfías de que no siendo ya un niño puedas conseguir hacer algo de provecho.
También es probable que hayas estado investigando y ahora tengas un lío en la cabeza con informaciones contrapuestas acerca de por dónde empezar, qué pasos seguir o incluso qué instrumento comprar. Todo es perfectamente normal.
Si hay una cosa que he conseguido como profesor después de estos más de veinte años de recorrido es crear una relación bonita con mis alumnos. Es bonita porque para mí mis alumnos existen de verdad. Les pregunto qué les interesa, qué les ilusiona aprender, les recuerdo que son personas libres, respeto sus elecciones y aprendo de ellos. Y sobre esta base comparto toda la sabiduría que me ha dado el haber tenido la suerte de ser un pianista en crecimiento y en activo a la vez que educador.
Aquí están algunos de mis alumnos actuales y pasados dando su opinión sobre mí como profe en las reseñas de Google de mi academia Música i Consciència de Sagunto:









Pero bueno, mejor que lo compruebes por ti mismo ;-P
Si quieres que sea tu mano amiga para iniciar la gran aventura del piano, estaré encantado de darte toda mi ayuda. Escríbeme por aquí y empezamos.
Un abrazo.